Mi madre había venido con una trufa de la pastelería Silmay (solo una, que me había traído "de contrabando" de casa de una amiga suya). ¡Buenísima! *-* Lo malo es que una trufa siempre te deja con ganas de más; así que tenía dos opciones: hacer una incursión a Silmay y gastarme un dineral allí (porque las trufas son bueníiisimas... pero casi a un euro cada una!), o aventurarme con una versión casera.
Así que me puse a buscar recetas por internet, pero todas las que encontraba eran para hacer las típicas "trufas mazacote": chocolate por dentro y por fuera. Y a mí esas trufas no me hacen demasiada gracia; me empalagan demasiado. No: para mí, las buenas, son las trufas rellenas de nata (o de "nata con sabores -preferentemente a frutas-"); de esas que muerdes y parecen rellenas de mousse.
Al final encontré una videoreceta (esta) donde explicaban cómo hacer, efectivamente, trufas rellenas de nata... pero me extrañó que llevaran, en realidad, muy poca nata y cantidades ingentes de chocolate blanco... ¿no sería, en realidad, otra "trufa maciza" sólo de color blanco? De modo que me puse a cambiar las proporciones a lo loco; hasta conseguir una crema tipo mousse, que después congelé para que tuviese consistencia. La crema llevaba:
- 400 ml. de nata batida.
(mezclada a su vez con una crema -¡Inception!-hecha con: )
- el zumo de una naranja
- la ralladura de 2 naranjas.
- 100 gr. de chocolate blanco
- 1 cucharadita de Maizena.
¡Así nacieron las monstrufas! porque, una vez amasadas las bolitas de "helado", preparado el chocolate para la cobertura, introducidas las bolitas en el chocolate para darles un baño... las malditas se derretían; el chocolate se rompía, y aquello no se parecía (físicamente) a una trufa en nada. (De sabor muy buenas eso sí. Difíciles de comer; pero ricas. Creo que hice algunas fotos, ¡pero no las encuentro por ningún lado!).
En vista de aquello, no quedo más remedio que desistir de la idea de las trufas. Y ¿Qué diablos iba a hacer con tanta nata? Porque hay un pequeño pero importante detalle que no he comentado, y es que no soy especialmente amiga de la nata. Me encanta en las trufas; me encanta en las Cristinas (típicos bollos rellenos de nata que, como curiosidad, también se conocen con Falangistas en algunas partes), en los roscones de reyes... pero sola no. Y no podía permitirme tenerla indefinidamente en un táper dentro del congelador.
Entonces dije... ¿y si hago una tarta Sacher con ella? (Bueno, en realidad esto se me ocurrió después de haber utilizado parte del "helado" en un bizcocho, pero la segunda opción seguía siendo buena. Además, no tengo fotos de aquel bizcocho xD).
*Para el bizcocho:
- 3 huevos.
- 75 gr de chocolate para postres.
- 125 gr. de almendra molida
- 2 cucharadas soperas de azúcar.
- 3 cucharadas soperas de harina.
- 1/2 sobre (aproximadamente una cucharadita) de levadura en polvo.
- algo más de 1/2 vaso de la mezcla de nata, naranja y chocolate blanco (en total utilizaremos unos 200 ml.; ; así que podéis prepararla montando un brick pequeño de nata y mezclándolo con la crema de chocolate blanco y naranja; lo de congelarla fue circunstancial y no es necesario ni recomendable).
*Para el relleno:
- mermelada al gusto (yo utilicé de albaricoque y quedaba buena, pero le habría ido mejor la de naranja).
* Para la cobertura:
- 100 gr. de chocolate para postres.
-1 cucharada sopera de mantequilla.
- 2 cucharadas colmadas de nuestra mezcla de nata, naranja y chocolate blanco.
La preparación es muy sencilla. Derretimos el chocolate; añadimos la nata y mezclamos bien. Vamos añadiendo poco a poco todos los ingredientes a excepción de las claras de huevo, que montaremos a punto de nieve. Cuando todo esté mezclado, las añadimos con movimientos envolventes para que no se bajen; y vertemos la mezcla en un molde engrasado. Metemos en el horno precalentado a 180ºC... no sé deciros el tiempo exacto; poco más de media hora (pero por si acaso id vigilando).
Cuando lo desmoldéis (es mejor esperar un poco para que no se rompa), se corta por la mitad con un cuchillo de sierra... y extendemos una capa generosa de mermelada. Colocamos la otra capa encima.
Por último... ¡¡chocolate!! derretimos el chocolate en el microondas e incorporamos la mantequilla y la nata. ¡Hay que batirlo bien! Lo vertemos por encima de la tarta, alisando un poco con un cuchillo. Y ahora, a la nevera para que se termine de enfriar.
Está buena. Muy buena. Se queda un poco dura después del 3º día en la nevera (porque no pude darles un trozo a mis hermanos y me la estoy tomando yo sola), pero aún así entra muy bien con un buen vaso de leche.
Creo que un día de estos haré la versión blanca: con chocolate blanco, almendras y mermelada de cerezas... y un almíbar de amaretto *-*
Hasta entonces, que aproveche!

